El venezolano Jacinto Convit merece un Premio Nobel de Medicina

Publicado en por Verónica González M.

En Venezuela tenemos un genio que merece ser homenajeado con un Premio Nobel de Medicina por sus aportaciones extraordinarias al mundo con sus logros epidemiológicos. Se trata de nuestro compatriota Jacinto Convit, un médico caraqueño de 97 años que logró conseguir la vacuna contra la lepra (enfermedad de Hansen), y por consiguiente, cerrar las conocidas leproserías donde se encerraban a los enfermos aislándolos de la sociedad y en donde les vejaban por su frágil condición sanitaria.

 

Es admirable como a su edad el científico no se ha retirado y sigue trabajando en arduas investigaciones para conseguir la cura de varios tipos de cáncer, en especial, el de seno, estómago, cerebro y colon. Actualmente con vehemencia lidera un equipo médico en el Instituto de Biomedicina del Hospital Vargas que en conjunto con especialistas de la Universidad Central de Venezuela desarrollan la fase experimental de dichas vacunas con resultados esperanzadores para la cura definitiva de esta enfermedad. Una vez que culmine el proceso de comprobación y efectividad, las vacunas serán suministradas de forma gratuita en el Hospital Vargas, en Venezuela.

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Convit, ha recibido en 1987 el Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica y fue candidato al Premio Nobel en 1988, por el descubrimiento de la vacuna contra la lepra, la cual resultó de la combinación de la vacuna de tuberculosis con el bacilo mycrobacterium leprae.

 

En la tarea de una nueva candidatura para el Nobel de Medicina deberían estar trabajando las autoridades venezolanas si de verdad aprecian el aporte de Convit a la salud mundial, más allá de las pretensiones y la vanidad personal de ganar un premio. El famoso galardón escandinavo es un instrumento al servicio de los pueblos y ser aspirante lleva trabajo, porque entran en juego contactos, diplomacia, política y sobre todo el convencimiento del por qué el postulante lo merece ganar. Se debe presentar la nominación al Comité Nobel y por supuesto se necesita invertir en los gastos de promoción. ¡De verdad que vale pena Señor Hugo Chávez Frias!. Es muy fácil conseguir el reglamento para presentar la candidatura. Póngale esos deberes a sus embajadores en Noruega y Suecia. ¡Manos a la obra!

 

Los que han conocido a Jacinto Convit, lo definen como un médico de antaño, sencillo, humilde, con buena memoria, excelente estudiante, humanista, un hombre de ciencias, incansable, nunca se rinde y con dotes de gerente. Logró sensibilizar a las autoridades santinarias venezolanas de la época que habían esperanzas en la cura de la lepra y erradicar la infección de una vez por todas. 

 

En 1946 fue nombrado médico de los Servicios Antileprosos en Venezuela y junto a su equipo logró censar a los enfermos en todo el país, que llegaron a ser en áquel tiempo alrededor de 18.000 y que fueron tratados en los 24 centros de atención a nivel nacional. Los logros de tal actividad llegó a los oídos de la Organización Panamericana de la Salud, quienes enviaron al año siguiente un batallón de médicos a entrenarse de la mano de Convit bajos sus conocimientos. Luego de controlar la lepra y crear la vacuna contra ese flagelo, se abrió camino para conseguir la vacuna contra la leishmaniasis.

 

Convit es hijo de padre catalán que emigró al país caribeño y de madre venezolana. Estudió la carrera de medicina en la Universidad Central de Venezuela, obteniendo el título en 1938. En 1940 se registró en el Libro de Inscripción de Médicos Residentes en el departamento Libertador, actual estado Vargas, con las especialidades de medicina interna y enfermedades de la piel. Es miembro de innumerables institutos, sociedades y asociaciones médicas. Es también miembro del comité Expertos en Lepra de la Organización Mundial de la Salud, entre otras organizaciones internacionales.

 

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Se casó en 1943 con Rafaela Maraotta D'Onofrio, con quién procreó 4 hijos: Francisco (1948), Oscar (1949) y los gemelos Antonio y Rafael (1952). Los gemelos actualmente viven en los Estados Unidos, Antonio es psiquiatra y Rafael es cirujano plástico. Oscar y Antonio estudiaron economía en Houston. Oscar falleció en un accidente de tránsito y Antonio vive en Venezuela donde cría caballos en el campo. Convit tiene 4 nietos y todos viven fuera de Venezuela.

 

Convit quiere ser recordado "como un médico que hizo su esfuerzo y cumplió con su labor" ese será su mayor lauro. Nunca utilizó sus logros científicos para aspirar a cargos políticos. Es un venezolano que desarrolló su genialidad creativa al servicio a los demás y sobre todo pudo darles esperanzas a unos enfermos que vivían sumidos en una gran pesadilla al padecer la lepra, una peste llena de muchos prejuicios y que llegaban a ser encadenados y encerrados por el solo hecho de estar contagiados, ignorando la parte afectiva que sufrían y sentían como cualquier otro enfermo.

 

El galeno ha afirmado que no le teme a la muerte "pues ésta es una manifestación de la democracia, que llega a todos por igual".

 

Larga vida para usted Jacinto Convit, aspiro verle recibir un Premio Nobel de Medicina en un futuro cercano. Eres grande, Eres un gran venezolano y un gran ser humano. Ha demostrado que a su edad todavía se pueden tener bien las facultades para seguir sirviendo a la humanidad.

 

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Hay esperanzas para la cura del cancer de seno,

hay una luz en el camino

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